91. SECUELAS DE UNA NOCHE LOCA
Después de que Nadia trajera al mundo a su precioso bebé, todos se retiraron a sus casas. Están súper agotados; Camelia y Ariel se acuestan vestidos, se tiran en la cama y se quedan dormidos, hasta que el incesante sonido de los timbres de los teléfonos los despierta. Se miran, luego miran el reloj en la pared: son las cinco de la tarde del domingo.
—Vaya, sí que dormimos —dice Ariel, se sienta y toma su teléfono—. ¿Y esta cantidad de llamadas de todo el mundo?
Enseguida le marca a su hermano m