216. EL ROBO EN LA HACIENDA
Al ver que la noche avanzaba y Camilo no regresaba, la nueva sirvienta, pues sus amigos ese día habían tenido que viajar a ver a sus padres muy enfermos, se acercó a Lirio.
—Señora, es mejor que se acueste —le dijo—, el señor quizás no venga hoy.
La señora Lirio aceptó; había bebido unas copas de vino, por lo que avanzaba despacio en su silla de ruedas hasta el cuarto de su pequeña hija dormida y siguió para el suyo. Se acostó feliz y triste a la vez. ¿Cómo reaccionaría Camilo? Se preguntaba mi