—Vaya, no sabía que te gustaba escuchar tras las paredes... —Le dice Mariano.
—Te recuerdo que estas paredes son las de mi casa...
—Sí, en efecto... —Mira hacía alrededor. —La casa es tuya, y las paredes también... pero las conversaciones de otros, siguen siendo ajenas.
—Creo que deberíamos calmarnos... —Interviene Rupert que observa los ánimos un poco subidos, pero es ignorado.
—Pues si la conversación está dentro de mi casa, no es tan ajena, y menos cuando se habla de mí —Afirma Ma