—Gracias, cuida de Montse —dice EL ESCRITOR. Saliendo apresuradamente y con el alma desecha. Le pide al conductor de la camioneta que lo acerque al centro de la ciudad.
Necesita con urgencia alejarse, son tantos los recuerdos que vienen a su mente: el amor incondicional de sus progenitores, los abrazos de su madre, las palabras de aliento de su padre. El día en que los dejó en el mausoleo de la familia, creyendo que allí yacían sus cuerpos. Sin darse cuenta, su rostro está humedecido por el to