¡Dios santo!
¡Amalia! —exclama Gaby molesta, allá no había nada, pero ella sí las tuvo buscando como bobas por toda la casa.

—No grites que vas a despertar a mis bisnietas —pronuncia Amalia, callando a Gabriela, quien al ver a las pequeñas pasa su enojo.

—Déjame cargarla —se acerca y toma a la pequeña Sandra en sus brazos. Como todos los bebes, aún no tiene un rasgo definido, pero sí un parecido a la familia Scott—. ¡Qué hermosas bebés! —suspira Gaby, ya que Sarah es como su hija, la niña que acogió en s
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