Quiero consentir a mi esposa.
—¡Montserrat! —grita Patricio, ya que ella aprovecha el momento en que él gira para devolver la botella al bar y sale sigilosamente de la habitación.
—Te espero en el restaurante del hotel —responde Montse, entrando apresuradamente al ascensor para alejarse de ese hombre que la ve como presa y odiaría tener que lastimarlo.
«Sí, hablarán, pero en un sitio neutral».
Patricio sonríe, ya tendrán tiempo de arreglar cuentas; por el momento la dejará pensar que ganó.
Minutos después están en