La rendición del Gobierno dejó un vacío extraño en el aire. No hubo fuegos artificiales ni gritos de victoria. Solo un silencio pesado, de esos que preceden a las tormentas de verdad.
La noticia no viajó por las noticias. Se movió por debajo de la tierra, por las raíces y las sombras, alertando a los dos únicos poderes que realmente importaban ahora. Y ninguno de los dos estaba contento.
Parte 1: El Pacto de las Madres
En el límite donde el asfalto roto del distrito industrial chocaba con la ma