El hombre subió al estrado con una calma aterradora.
Había recuperado su máscara de patriarca ofendido.
Miró a Seraphina con un desprecio que no intentó ocultar, como si ella fuera una molestia que debía ser eliminada.
El abogado de Seraphina interrogó a Arturo con ferocidad. —¿Cómo explica que los