Capítulo 280
El aire en el despacho privado del ala oeste no olía a la cera ni a las flores blancas del fallido banquete fiduciario; olía a papel antiguo, a tinta ferrogálica y al humo amargo del leño de roble que se consumía en la chimenea de mármol negro.

Eran las dos de la mañana.

Tras el encuentro en el búnk
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