Más tarde Dante regresó, las oficinas de ambos estaban cerca, él llegó a su puerta y tocó.
Al darle el pase, entró a la oficina de Miranda, ella trabajaba en unos documentos que no entendía, fruncía el ceño, se veía encantadora. “Miranda, lo que viste… yo no tengo ya nada que ver con esa mujer, terminó hace mucho tiempo”.
Miranda lo detuvo interrumpiéndolo. “No tienes por qué explicarme nada, es tu vida y tú sabes lo que haces”.
Dante se acercó. “Pero quiero que te importe”
Ella levantó la