Ella lo miraba atenta, sus ojos brillaban al escuchar sus palabras y su corazón palpitaba incontrolable.
Miranda respira hondo para calmarse y pensó. -Este sentimiento es a lo que llaman gustar-
Ella le advirtió. “Necesito tiempo para sanar mis heridas Dante, no estoy bien”.
El asintió. “Lo sé pero quiero estar ahí contigo”.
Ella suspiró, el hombre no se iba a dar por vencido. “Está bien, pero poco a poco”.
Él le pidió su mano. “¿Podemos?”.
Ella observó la mano de Dante, estaba nerviosa y