//FLASHBACK\\
Alessandro me tenía del cuello al borde del risco. Mientras escupía su verdad, no sospechaba que lo tenía exactamente donde quería. De pronto, un estallido sordo y seco, el rugido de un cañón, sonó en la mansión. Sin previo aviso, me empujó. El impacto no fue contra el agua, sino contra la superficie tensa de un colchón de salvamento. El barco de la mafia neoyorquina me esperaba justo en el punto de caída.
— ¿Se encuentra bien, señora Tsukasa? — pre