— ¡No te puedo creer que dormiste en casa de Isabella, eres un adelantado, Sergey! — Apolo apenas podía creer lo que su amigo le contaba.
— Prácticamente me metí a la fuerza, Isabella no me quiere cerca, me lo dijo todas las veces que pudo, ella está... tan diferente.
— Pues si, ya no cae rendida a tus pies como estabas acostumbrado.
A Sergey no le gustó el comentario, sobre todo por qué era verdad, Isabella ya no caía en sus encantos como antes, y él la deseaba igual o mucho más que an