Los tres bodoques subieron las escaleras para ir a prepararse para asistir al colegio, solo el pequeño Alexandro volteaba de vez en cuando
Isabella se limpiaba los labios con una servilleta mientras recuperaba el aliento.
— ¿Estás bien? — preguntó el hombre.
— ¡Por supuesto que no estoy bien, te subes a mi coche sin mi permiso, te quedas en mi casa sin mi permiso, y estás hechizando a los niños con tus encantos! ¿Cómo se te ocurre que voy a estar bien con eso? !Puedes llevarlos a la es