Un silencio sepulcral llenó el salón por un momento, la atmósfera que había dentro se había turbado y empañado como si se hubiera instalado una sombra entre los dos, que aunque no se podía ver sí que se podía sentir.
—- Esta bien Alex, no te obligare a quedarte ni pediré la paternidad de mi hijo, no quiero que sufras por mi culpa y tengo que darte la razón, he de dejar aun lado mi propio egoísmo a un lado y pensar en tu felicidad, aunque con ello te lleves mis ganas de seguir viviendo – me dijo