UNA SEMANA DESPUÉS
Entre en la sala donde estaba Alexa, acercándome despacio a su cama como hacía durante una semana cada vez que entraba, sentándome en aquel sillón que había al lado de su cama. Cogi como siempre hacia su mano para tenerla en mi mano y besarla, cuando de pronto me di cuenta de que estaba abriendo sus preciosos ojos de color miel, mirandonos fijamente, pero ella enseguida solto su mano de la mia, como si estuviera algo asustada.
— No por favor Alex, no tengas miedo de mi cariño