A Domenica le divertía ver cómo su marido todavía estaba esperando una respuesta. Ella no tuvo más remedio que decir algunas cosas.
— Tú eres mejor en... Tus ojos son más oscuros, además tienes una linda sonrisa.
El hombre ruso todavía seguía esperando que su mujer dijera algo más sustancial, algo con mucho peso.
— Lenín, ¿No te parece que estás exagerando? Tú eres tú, y Emmanuel, es Emmanuel. Ambos son diferentes. A los ojos tienes mucho más apuesto que mi cuñado. Por cierto, ¿A dónde