Si me llevas me moriré de tristeza.
Los ojos azules como el hielo ruso, se le dilataron a Lenin, apenas escuchó lo que el mafioso pedía.
Eso era algo que jamás le entregaría, prefería mil veces perder su imperio, sus riquezas, compañía, coches lujosos, a eso no le temía porque podía comenzar desde cero y amasar de nuevo su fortuna. Pero nunca encontraría un amor como el que tenía con su esposa.
— !Nunca! !Estás muy demente si piensas que te entregaré a mi mujer! ¡Pon el precio a la deuda que ella tiene contigo, yo la pagar