El silencio dominó la oficina.
Helena observaba a Gabriel.
La tensión en su rostro era imposible de ocultar.
—¿Dónde está?
preguntó.
Gabriel tomó las llaves del coche.
—En un hotel del centro de la ciudad.
—¿Y dijo que intentaron matarla?
—Sí.
La respuesta fue seca.
Directa.
Como si todavía estuviera intentando procesar la información.
Helena se puso de pie de inmediato.
—Voy contigo.
Gabriel levantó la mirada.
Por un instante pareció considerar negarse.
Pero finalmente asintió.
—De acuerdo.
Ve