Angie
Ella caminaba con pasos inseguros por las calles húmedas de Chapinero. La noche parecía tragarse las luces de los postes, y cada sombra se estiraba como un secreto que la perseguía. Había citado a Paola en aquel paraje oscuro, una casa vieja que parecía deshabitada, con ventanas rotas y un olor a humedad que se filtraba desde las paredes.
Paola apareció envuelta en un abrigo largo, con los ojos brillantes de preocupación. —Angie, ¿cómo estás?, te he estado pensando mucho —dijo con voz te