Hannah sintió una extraña sensación en el cuerpo. No era miedo. Más bien era una sensación de rabia. Sostuvo el arma con fuerza mientras le apuntaba a Alfonso.
Con la otra mano, la apoyó en la cabeza de su bebé, que estaba escondido en el fular atado a su cuerpo. Sintió un escalofrío cuando lo miró a la cara. Evidentemente, había entrenado durante ese año; su cuerpo era más ancho ahora. Era tan parecido a Adrián que Hannah sintió un miedo profundo a apretar el gatillo.
— Déjala — le ordenó Han