La única esposa de mi nieto.
El silencio que siguió antes de llegar al hospital fue sepulcral. La temperatura pareció bajar varios grados.
Katherina prácticamente saltó del coche apenas llegaron al estacionamiento. No sabía que era lo que pensaba el CEO, pues su rostro era inexpresivo y frío.
Quizás se había tomado a mal que le dijera que sospechaba de su propia madre, pero ya no le importaba mantener la paz con el hombre, como lo hacía antes.
Pronto Katherina estaba haciendo su ronda matutina con los pacientes qu