El futuro patriarca.
La mañana comenzó con una tranquilidad engañosa en el penthouse Ivanov.
El sol entraba por los enormes ventanales de la sala, bañando de dorado los muebles de tonos oscuros y las paredes de mármol.
En una de las habitaciones, Eliester dormía plácidamente después de haber pasado buena parte de la madrugada reclamando los brazos de su padre.
Rodrigo Ivanov había descubierto que su hijo tenía una habilidad particular para desarmar cualquier coraza
El hombre que podía cerrar una adquisici