El ascensor subía lentamente, emitiendo un leve zumbido que llenaba el silencio. Brihana estaba sola en el interior, apoyada contra la pared de acero inoxidable, con los brazos cruzados y la mirada perdida en la pantalla digital que marcaba los pisos. Había tenido una mañana particularmente agotadora, llena de reuniones y decisiones estratégicas que parecían no tener fin. Aunque su rostro permanecía sereno, un leve fruncimiento en su ceño delataba la tensión acumulada.
Cuando el ascensor llegó