"No sé quién te crees que eres para venir aquí a insultarme en mi propia empresa. Pero te voy a decir algo: no tienes idea de lo que he pasado, ni de lo que soy capaz de hacer. Así que te sugiero que bajes el tono y pienses muy bien tus próximas palabras."
La mujer tragó saliva, pero no retrocedió. Aunque su cuerpo temblaba ligeramente, su orgullo no le permitía ceder.
"No me importa quién seas "dijo, aunque su voz ahora tenía un leve temblor. "Nadie se mete con mi familia."
El aire en el pasil