La noche había caído sobre la ciudad, envolviendo todo en una oscuridad silenciosa. En la mansión, Liam se encontraba sentado junto a la cama de Brihana, observándola mientras dormía. Su rostro pálido y sus labios secos hablaban del agotamiento físico y emocional que la había consumido. Había pasado toda la tarde cuidándola, asegurándose de que estuviera hidratada y de que la fiebre bajara. Pero lo que más le dolía era el estado en el que la había encontrado: rota, abatida, como si su espíritu