Brith sintió como si sus palabras fueran bofetadas, una tras otra. Pero lo peor vino después. Cuando, sin pensarlo, dijo las palabras que sellarían su destino.
"Después de todo, sigues siendo mi esposa. Y no he firmado el divorcio. Aún eres mi esposa, y te toca obedecerme."
El sonido de la bofetada resonó en la oficina, dejando a Brith atónito. Su mejilla ardía, pero lo que más le dolió fue la mirada de furia en los ojos de Brihana.
"¡Lárgate de aquí antes de que haga que este edificio se derru