Brith estaba sentado en su auto, con las luces del estacionamiento iluminando tenuemente el interior. El motor estaba apagado, y el silencio era casi absoluto. Había pasado un día largo y agotador, lleno de enfrentamientos que lo habían dejado con la mente enredada en pensamientos. Mientras se masajeaba las sienes, tratando de aliviar la tensión, alguien golpeó suavemente la ventana de su auto.
Frunció el ceño y giró la cabeza hacia la ventanilla. Un hombre de mediana edad, vestido con ropa osc