Bith estaba atrapado en un torbellino de emociones mientras permanecía sentado en su oficina, ese espacio que alguna vez fue su refugio y ahora se había transformado en una prisión de sus propios pensamientos. Su figura imponente, que irradiaba autoridad y poder, parecía desmoronarse bajo el peso invisible de las miradas que sentía clavadas en su espalda. Intentaba concentrarse, mantener la compostura que lo caracterizaba, pero su mente lo traicionaba, llevándolo de vuelta a aquel momento con S