21. LARA

Norte de Bélgica

 Los rostros se mantuvieron asombrados y los cuerpos inmóviles mientras el silencio se extendía entre ellos como una amenaza. El único sonido que podía escucharse era el de la cola de la tigresa, que cortaba el aire como invitándolos a atacar; ero la estupefacción, más que la prudencia, impedía a los cazadores hacer cualquier movimiento arriesgado.

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