57. POR AHORA, SOLO LO QUE QUIERO
Su rostro palidece de repente, y noto cómo pierde el equilibrio. Si no fuera por mi rápida reacción, seguramente habría caído al suelo.
—¿Qué te pasa? —pregunto con urgencia, preocupado por su bienestar—. ¿Estás bien?
Su frente descansa contra mi pecho por unos instantes, dejándome ser su apoyo. Siento el subir y bajar de su respiración, acelerada al principio, pero poco a poco se calma. Trata de alejarse, pero no la dejo ir.
—Estoy bien, puedes soltarme, Sebastián —responde, mostrándome su ros