53. UN HOMBRE QUEBRADO Y CABOS SUELTOS
No pude hacer que Noah comiera adecuadamente, pero afirma que su organismo no le recibe más, así que no lo presiono.
—¿Estás seguro de que puedes estar aquí? No me gustaría saber que el resto de la familia corre peligro porque estás conmigo —pregunta Noah mientras nos dirigimos a su apartamento.
—Aunque no lo creas, Alexander ha madurado —le respondo, provocando que me mire con una mezcla de curiosidad y escepticismo—. Se está encargando de todo.
Noah suelta una risa cansada y se cubre los ojos