50. LA MIRO COMO A MI MUJER
Debido al calor del momento, olvidé sacar la tarjeta de la habitación. Ahora me encuentro fuera, atrapado en medio del pasillo de un piso superior, vistiendo solo una sudadera y una camisilla. Maldigo mi decuido mientras bajo a la recepción. Los pocos empleados del turno nocturno me observan en silencio. Pido una copia de la tarjeta y regreso a la habitación, encerrándome como el maldito ogro que probablemente parezco a los ojos de todos.
Solo trato de cuidarla, ¿acaso no se da cuenta? Richard