41. DEVOLVIENDO A NATHALY
Una vez vestida, le entrego el último paquete. Sus dedos tiemblan levemente mientras desata el nudo de la bolsa, y cuando finalmente lo abre, sus ojos se iluminan al extraer unas hermosas orejas naranjas de zorro, suaves al tacto, y una larga y esponjosa cola que casi parece vibrar en sus manos. El pelaje brilla bajo la luz tenue, cada fibra atrapando el resplandor como si estuviera hecho para acariciar. Los movimientos en las habitaciones adyacentes se detienen por un instante, las parejas cur