38. NO ESTAMOS MAL
Respiro hondo y lo sigo hasta la habitación. Me sorprende encontrar una pequeña mesa con el desayuno dispuesto sobre la cama: panqueques esponjosos, frutas frescas, todo impecable, como si lo hubiese preparado un chef profesional.
—Creí que dormías, quería sorprenderte —dice al ver mi asombro.
—Milagros que hace el aroma de un buen café —respondo, levantando la taza—. ¿Todo lo preparaste tú?
—Te dije que prefiero cocinar —sonríe, orgulloso.
Sí, lo había mencionado, pero nunca imaginé que realme