11. LIMPIANDO HERIDAS
Hace solo unas horas no habría imaginado que estaría esta noche en mi apartamento con Sebastián, mucho menos que pasaría la gran vergüenza gracias al idiota de Terry. ¿Por qué no puede simplemente aceptar que todo terminó?
—Espérame un momento, traigo el botiquín —digo, descargando las llaves en un mueble y dejando el morral sobre una silla.
—Realmente no es necesario, esto no es nada —dice, tocando su rostro.
—No te hagas el fuerte, Sebastián. Ya te dije que es por mí, no por ti. Además, agarr