—Entonces, señorita Adaline Scott, ¿ya tiene su respuesta?
Adaline alzó la mirada. Sus ojos dorados se encontraron con los de él, y por un instante ambos se quedaron inmóviles, como si hasta el aire hubiera dejado de existir entre ellos. Nadie respiró… hasta que Altezza parpadeó y volvió a hablar.
—¿Ya ha tomado una decisión? —su voz salió de pronto más ronca—. ¿Qué opción elige? ¿La primera o la segunda? Porque, por lo que veo, no parece muy dispuesta a considerar la tercera.
Había un matiz de