El día pasó con sorprendente rapidez. Tras un desayuno bastante caótico, la señora Delila y las demás mujeres no se separaron de Adaline ni un segundo; siempre tenían una nueva pregunta que hacerle, una curiosidad más que saciar.
Adaline respondió con la mayor sinceridad posible, cuidando cada palabra para que el asunto del contrato no se le escapara por accidente.
Después del almuerzo, todos se prepararon para dirigirse a la residencia de Claire, que Adaline descubrió que no estaba lejos de la