La mañana de la revisión de la junta, el cielo era color cemento mojado, e Isabella encontró a Lena en la pequeña cocina del personal a las 7:10, sola, sosteniendo una taza de té que no estaba bebiendo.
La chica parecía no haber dormido. Cuando vio a Isabella en el umbral, la taza tintineó contra el platillo.
—Señora Montenegro. Buenos— buenos días. ¿Puedo traerle algo?
—Sí —dijo Isabella con suavidad. Cerró la puerta detrás de ella—. El disco de respaldo que tomaste de mi oficina hace dos noch