Llena de optimismo abrí la puerta del estudio de Dante, con la memoria USB que me entregó el señor Neo en mano, apretada fuertemente por mi puño. Esta vez no planeé nada, por experiencia, aprendí que con Dante no hay plan que funcione, así que decidí ser lo más natural posible.
De antemano le iba a molestar el hecho de que estuviera reuniéndome con posibles inversores a sus espaldas, así que llevaba media batalla perdida. Ni hablar tenía que enfrentarme a Dante por actuar a sus espaldas tarde o