— Deberías descansar, ya es muy tarde — dije mientras me acercaba a Dante y acariciaba su cabello. Se encontraba en su escritorio con el rostro fijo en su laptop.
— Iré en un segundo — aseguró. Mecánicamente.
Llevaba varias semanas igual; casi no dormía, se la pasaba metido en el estudio trabajando, de vez en cuando salía a reuniones con posibles socios.
Varias veces regresó furioso porque las cosas no estaban resultando bien. Según me contó Axel, Lucius, el padre de Ciaria seguía interviniendo