El apuesto abogado, se llevó dos dedos al puente de su nariz, ya le había explicado a su hijo Adrián, que no era posible que eso pasara en estos momentos
— ¡Papá, no va a convencerme de nada, eres todavía un crío como para irte tan lejos y vivir tú solo y sin reglas, no señor, no estoy de acuerdo!
— Vamos, vamos, mantengamos la calma, tú Adrián, ¿Por qué tienes tanta prisa por irte? ya lo podrás hacer dentro de pocos años, tampoco deberías encapricharte con algo como eso, no tienes la ed