Adriano, por fin podría volcar todo su odio y su furia sobre esa miserable mujer, apretaba su cuello viendo como la vida se le iba extinguiendo, disfrutándolo tanto como ninguna otra cosa, mientras la veía suplicar por su patética vida
— ¡Muere maldita, no te dejaré vivir después de lo que le hiciste a mi amada Emma, aquí se acaba todo para ti!
Adela no dejaba de luchar por su vida, pataleaba y arañaba los brazos del abogado, más en el último momento
— ¡Adriano, carajo, suéltala, tu no eres de