Los hombres van a un bar de caballeros.
La noche llegó, los Alfas se estaban alistando para salir, ellos se vistieron de traje, estaban pulcros de pies a cabeza, y parecían dioses del olimpo. Cosa que no agradó mucho a sus parejas destinadas.
— Massimo, ¿Por qué tienes que ir tan arreglado a ese lugar?
— ¿Me estás diciendo que suelo andar en fachas? — Preguntó el vanidoso alfa.
— ¡No me cambies el tema, vas a ver a esas chicas que bailan arriba de las mesas, no te hagas el loco!
— No tienes de que preocuparte, sabes que solo tengo ojos para tí, para tu tranquilidad te digo que solo iremos por un corto tiempo, solamente asistiremos para no hacerle la grosería al Pakhan que está celebrando su inmortalidad.
En ese momento el cachorro Lorenzo despertó, lloraba pidiendo atención y comida. Loren rápidamente fue a levantarlo de la cuna.
— Ya, mi amor, mamá está aquí, tu biberón ya está tibio, ven aquí. — La luna se acomodó en la mecedora para arrullar al lobezno.
— Ya me iré, volveré pronto, querida. — El Alfa dió