C58-VERDAD APLAZADA.
C58-VERDAD APLAZADA.
El apartamento de Aslan estaba envuelto en una luz cálida, Isabella estaba relajada, radiante, con esa felicidad que nace cuando no hay defensas y Aslan era especialmente tierno: le servía vino, le rozaba la mano con los dedos, la miraba con una devoción que rozaba la reverencia.
Y aun así, algo no encajaba, porque había una sombra en sus ojos.
La conversación fluía, pero Aslan estaba lejos y ella lo notó.
—¿Estás bien? —preguntó—. Pareces… lejos.
Aslan apretó su mano y abrió la boca, pero la cerró, luego cerró los ojos un segundo, como si reuniera valor.
—Isa… Hay algo… algo sobre mí que necesitas saber.
Isabella no retiró la mano, su expresión no cambió, tampoco hubo miedo.
—Aslan, puedes confiar en mí —respondió—. Pase lo que pase, soy tu compañera y nada de lo que digas va a cambiarlo.
Esas palabras lo atravesaron. Entonces él levantó la mano de ella y la besó. Una vez. Luego otra. En los nudillos. En la palma. En la muñeca. Como si estuviera sellando un jur