C37- SIN UNA PIZCA DE CULPA.
C37- SIN UNA PIZCA DE CULPA.
La suite olía a sexo, piel sudorosa y a la esencia bruta de sus cuerpos entrelazados.
Isabella yacía de costado, pegada a él, su respiración era profunda y regular, tenía los párpados cerrados sobre unas mejillas aún sonrojadas por el esfuerzo y el placer.
En realidad, sí. Tenía la cara de bien follada.
Pero Aslan no dormía.
Recostado sobre un codo, la observaba y su mirada, ahora sin la tormenta del deseo inmediato, era profunda, calculadora, y terriblemente