La vampira no podía responder a la pregunta de su Alfa, solo sentía que necesitaba de él su calor, su esencia, más no iba a decirle lo que su cuerpo le pedia a gritos
El Alfa no demoró en comenzar a besar a su destinada, no tenía prisa, quería disfrutarla poco a poco, saborear sus besos, bajó al cuello de Dominic, mientras acariciaba sus torneadas y largas piernas, eran perfectas, tan firmes
— Eres tan hermosa, estás temblando, no debes temer de nada conmigo, voy a cuidar de tí... solo,