Seco y vestido... mis bragas rotas descartadas, reemplazadas por un par de repuesto de su cajón que se sentía sospechosamente como lencería, me entregó un cheque. Cincuenta mil, firmado con un trazo elegante.
"Deposítalo mañana. Y envíame un mensaje cuando lo hagas. Quiero pruebas de que eres mía".
Asentí, con las piernas tambaleantes mientras recogía mis cosas. La ciudad afuera parecía más brillante, más nítida, pero por dentro, una tormenta se gestaba. Mientras bajaba en el ascensor, la ausen