'Que miren', gruñó él, con la voz ronca de lujuria, mientras una mano se cerraba con fuerza sobre mi cadera y la otra se enredaba en mi cabello, arqueando mi espalda como un arco. 'Deja que vean cómo reclamo cada puto agujero'. Con un gruñido, empujó hacia adelante, la gruesa cabeza penetrándome pulgada a pulgada con agonía.
Grité, con un dolor agudo y eléctrico que se transformaba en algo más oscuro y caliente a medida que mi cuerpo cedía. 'Joder, Habibi... es demasiado... ¡ahh!'. Mi voz se qu