La voz de Ronald se rompió en un rugido gutural, su cuerpo tensándose como un resorte enrollado detrás de mí. Su polla latía salvajemente en mi culo, pulsando con los primeros chorros calientes de su semen inundándome, pintando mi interior con su descarga. La sensación era abrumadora... un calor pegajoso y abrasador que me empujó al límite de nuevo.
Mi coño se contrajo sobre la nada, otro chorro de mis jugos salió disparado, salpicando el escritorio y goteando por mis muslos en riachuelos vergo